lunes, 21 de julio de 2014

Agresión gratuita



    Al escribir hoy estas líneas lo hago por desahogar la indignación que me producen los doce días de matanza de palestinos, en una actividad criminal sin coste alguno, cual si se tratase de un ejercicio de tiro al blanco, ante la indiferencia de esa entelequia llamada comunidad internacional.
    Israel utiliza su poderoso ejército para matar por tierra, mar y aire a la población más densa del mundo, habitante de la franja de Gaza. Y lo hace a sabiendas de que viola las leyes internacionales como es la prohibición de castigos colectivos o la proporcionalidad de la respuesta, todo con la ausencia de resistencia y plena impunidad por el mero hecho de estar respaldado por Estados Unidos, la mayor potencia mundial. Será necesario recordar que protegido y protector se han negado a suscribir el Tratado de Roma origen del Tribunal Penal Internacional que si pudo juzgar a varios criminales de guerra fue porque no tenían detrás a un cómplice soberano.
    Toda la argumentación israelí para justificar su belicosidad se apoya en su derecho a defenderse del lanzamiento de cohetes de Hamas que casi nunca llegan a su objetivo aunque producen ansiedad y temor, en una actitud suicida, solo explicable por la desesperación a que les someten.
    En el país de las tres religiones asistimos a un conflicto permanente que se reactiva a menudo desde hace 66 años, el más antiguo de los que la ONU tiene en su agenda. En tal conflicto, uno de los contendientes emplea cohetes y kalashsnikovs y su oponente barcos de guerra, tanques y aviones de último modelo, como si se enfrentase a un ejército de similar capacidad. El resultado como no podía ser otro es que  doce días de lucha desigual se saldan con 13 soldados israelíes muertos y 500 palestinos de los que más de la mitad son mujeres y niños a los que someten a tal miedo y tensión que 70.000 necesitan tratamiento sicológico antes que alimentos. Las escenas de horror que vemos en las pantallas televisivas corresponden al enfrentamiento entre David y Goliat.
    Los gobiernos israelíes tienen la razón de la fuerza pero les falta la fuerza de la razón. Su problema es que con la primera no podrán conseguir la seguridad ni la propia existencia. Solo la razón les hará abrir los ojos y comprender que a corto o a medio plazo, la solución solo puede venir por aceptar en Tierra Santa la presencia de dos Estados viables e independientes respetando las fronteras de 1967, con la garantía de un tratado internacional. Ignorar este planteamiento hace inevitable la repetición de agresiones y la respuesta que, como dice el Evangelio, el que a hierro mata, a hierro muere.

1 comentario:

Luigi Moser Moser dijo...

Estupendo por su clarividencia y sobretodo por lo que hoy dìa se hace siempre màs insolito: el sentido de la justicia y el afàn de la verdad.Serìa deseable que esta pieza la lean muchos llamados intelectuales especializados en tergiversaciones y en malabarismos verbales por el miedo a llamar la politica israelì con su nombre: genocidio!
Felicitaciones!
Luigi