martes, 14 de marzo de 2017

Tráficos delictivos



    El diccionario de la Academia define el comercio como negocio que se hace comprando, vendiendo o permutando géneros o mercancías. En  nuestros días, el concepto de mercancía ha ampliado tanto su contenido que abarca los objetos de comercio más diversos y no se limita solamente a cosas como pudiera parecer.
    Una primera clasificación que podríamos hacer sería la de comercio legal e ilegal. Desgraciadamente, no siempre lo que es legal implica que  sea lícito o ético. Tenemos, por ejemplo, el tráfico de armas que es ejercido a diario por Estados de derecho que se autoproclaman adalides de los derechos humanos y la paz. Pocas actividades habrá, sin embargo, más inmorales que la venta de armas, especialmente cuando van destinadas a regímenes despóticos para ser empleadas contra quienes piden libertad, pan y justicia. Al vendedor le tiene sin cuidado quienes puedan ser blanco de las balas. En todo caso, este negocio se hace con todas las bendiciones legales y figura en las estadísticas de importaciones y exportaciones.
    El comercio ilegal no está controlado por las autoridades, se realiza por cauces extralegales. Es objeto de contrabando y las transacciones son secretas a pesar del enorme volumen que alcanzan, si bien es cierto que los países productores no ponen excesivo esfuerzo en impedirlo. Un caso especial de comercio ilegal lo constituye la huida de capitales a paraísos fiscales procedentes del fraude o elusión de impuestos que comparten refugio con fondos del crimen organizado, tráfico de drogas y redes terroristas, amparados por el secreto bancario. Quienes acogen estos  depósitos son microestados supuestamente independientes que inexplicablemente  tolera la comunidad internacional, pese a disponer de medios suficientes para eliminarlos. Como no se les impide hacerlo, estos territorios tienen en dichas prácticas viciosas su principal fuente de ingresos.
    Objetos de comercio ilícito son también la compraventa de drogas estupefacientes, animales en peligro de extinción, obras de arte robadas o exportadas ilegalmente, restos arqueológicos excavados clandestinamente o minerales como los diamantes o materias como el marfil que provoca matanzas masivas de elefantes.
    La forma más cruel de estas actuaciones es la que se efectúa con seres humanos que huyen de la miseria o buscan refugio de guerra de sus países. Tras pagar elevadas sumas son transportados en embarcaciones ruinosas  que a menudo naufragan y convierten el Mediterráneo en cementerio. Asistimos a un trato inhumano que recuerda los tiempos más oscuros  de nuestra civilización.
    Diversas ONG luchan denodadamente con más voluntad que medios para erradicar los execrables negocios en una sociedad que se muestra  insensible y no les apoya lo suficiente. Y lo que es más grave, las razones de justicia, racionalidad y ética no consiguen convencer a las naciones que pueden actuar para que acojan, al menos, a una parte significativa de los que llegan a sus costas.
    Resulta inexplicable e injustificable la indiferencia, cuando no la hostilidad,  de los gobiernos de los países más ricos, y la impotencia de la ONU, ante la tragedia lacerante que la televisión pone cada día ante nuestros ojos.

domingo, 5 de marzo de 2017

La carrera espacial



    Una de las actividades económicas de más reciente comienzo y rápido crecimiento es, sin duda, la que tiene como fin el conocimiento de lo que existe más allá de la atmósfera, o sea la carrera espacial. Se pueden  establecer como punto de partida de la misma las investigaciones que culminaron con el lanzamiento del “sputnik” en 1957 y como naciones pioneras la antigua Unión Soviética, actual Rusia y Estados Unidos.
    Los progresos que desde entonces se han conseguido son extraordinarios, gracias al empleo de incalculables recursos que sirvieron para crear una poderosa industria. No seré yo quien niegue los avances espectaculares registrados y los inventos a que han dado lugar,  pero cabe preguntarse  si es acertada la prioridad que se le concede al objetivo por los gobiernos implicados, cuando están desatendidas otras necesidades acuciantes que van desde la pobreza  a tareas tan urgentes e  infradotadas como la curación del cáncer o de miles de patologías raras sin tratamiento conocido.
    Si nos preguntáramos por los fines que la carrera espacial persigue y la justificación de los esfuerzos inversores, científicos, técnicos y económicos puestos a prueba, pienso que tendríamos dificultades para explicarlos desde un punto de vista ético. Quienes deciden la asignación presupuestaria para impulsar la industria espacial podrían alegar en su defensa dos respuestas posibles: el deseo de conocer más a fondo el universo del que formamos parte diseñando al tiempo nuevos instrumentos de análisis, y saciar la permanente curiosidad, indisociable de la condición humana. Dudo, sin embargo, que ambos argumentos pudieran tranquilizar la conciencia de los responsables.  
    Es innegable la existencia de un tercer motivo oculto como es el deseo de conseguir la superioridad tecnológica que a su vez facilita objetivos militares como la investigación de misiles intercontinentales o el escudo antimisiles que forman parte de la llamada “guerra de las galaxias”. De la exploración del universo forma parte  el proyecto de detectar señales de vida extraterrestre por medio del programa SITE en planetas de otras estrellas  distintas del Sol, una vez descartados por inhabitables los planetas del sistema solar. Es de notar al respecto la enorme distancia que nos separa de ellas, haciendo muy problemática  la intercomunicación. La más próxima a la Tierra es la Alfa Centauri que dista cuatro años luz, o sea unos 40 billones de kilómetros. Cualquier intento de viajar a ella (digamos más bien a a alguno de los posibles planetas que la orbiten) semeja una utopía que solo puede explicarse por el afán de romper la ominosa soledad en que vivimos.
Todo ello nos lleva a plantearnos la racionalidad de proponer metas imposibles de alcanzar a costa de gastar recursos que por su naturaleza son escasos, olvidando otras que, además de ser accesibles, son más urgentes. Bastaría citar los 700 millones de hambrientos, enfermedades curables que causan estragos como el paludismo, la tuberculosis o el suministro de agua potable  a quienes carecen de ella o la prevención del cambio climático.
    Si estas consideraciones son válidas para EE.UU  y Rusia, lo son mucho más  para China e India, donde está todo por hacer en el campo social y del bienestar, y sin embargo  se han apuntado a la exploración espacial. Todos ponen sus ojos en la Luna y Marte. La próxima fase será la disputa del terreno en el que las potencias hincarán su bandera. Suerte que no  haya selenitas o marcianos a los que expropiar o combatir.
     Se echa en falta en la planificación de la carrera espacial de un organismo internacional que coordine los intentos para que pueda ser menor el gasto en que se incurre.

miércoles, 1 de marzo de 2017

Cosas "Trumperas"



        Los norteamericanos eligieron a Donald Trump el 2 de noviembre de 2016 como el 45º presidente, un candidato muy singular por diversos motivos. Se trata de un multimillonario de 70 años, enriquecido con operaciones inmobiliarias, en el que nadie creía por sus insólitas promesas electorales. Un político sin la menor experiencia en los asuntos públicos, tanto que ni siquiera cumplió el servicio militar y alardeó de no pagar impuestos. Su carácter brusco y peleón se puso de relieve en su primer mes de mandato con gestos tan destemplados como colgarle el teléfono al primer ministro australiano.
    Muchos observadores le juzgan mentalmente desequilibrado. El que fuera subsecretario de Estado Nicholas Burns cree que es “una montaña rusa” emocional y un equipo de siquiatras, sicólogos y profesionales de la salud  publicó en el New York Times una carta en la que reconocen  “la grave inestabilidad emocional” como revelan  las palabras y actos públicos del nuevo Presidente que le incapacitan para ejercer el cargo. Lo cierto es que esta persona fue elegida democráticamente para gobernar durante cuatro años, ampliables a ocho, la mayor potencia económica y militar del planeta con influencia sobre el resto del mundo.
    Los análisis demoscópicos señalan que le habrá dado su voto la mayoría de las clases pudientes y los blancos de clase media que se consideran olvidados de Washington por no participar del crecimiento de la economía. No parece que  haya contado con los sufragios de la mayoría de los más de 40 millones de pobres, de los once millones de inmigrantes indocumentados, de los 30 millones de negros, de los 40 millones de hispanos, de los dos millones de presos y de las mujeres. Lo que en definitiva constataron los resultados fue la profunda división de la sociedad  y el dudoso acierto de los electores. El tiempo dará su veredicto.
    Con la perspectiva que da el primer mes de su presidencia, Trump  entró en la Casa Blanca como un elefante en una cacharrería, dispuesto a derribar todo lo construido por su predecesor, derogando la ley del seguro de enfermedad de los más necesitados, el proyecto de restringir la venta de armas y la expulsión masiva de inmigrantes. Acusó a la CIA y demás servicios secretos, a los periodistas y a los jueces. Se declaró partidario de autorizar la tortura como método de interrogatorios y cada día amenaza a alguien por medios de tuits.
    En política exterior, insultó y humilló a México después de realizar una visita a la capital, anunció la denuncia del Nafra (acuerdo comercial con México y Canadá) y hacer lo mismo con el Transpacífico con los países del Océano, declaró posible el reconocimiento de Taiwan, que es una línea roja para China, y se opuso a la ratificación del acuerdo sobre el cambio climático suscrito por más de cien países. En esta tendencia a subvertir el orden internacional es impredecible lo que nos puede deparar el fenómeno Trump.
    La predisposición a crearse enemigos a su alrededor es un lujo que no puede permitirse ningún jefe de Estado por muy poderoso que sea. Por ello tengo serias dudas de que pueda concluir su mandato, por una serie de sucesos que podrían abreviarlo. Uno de ellos sería la revelación de los medios de comunicación a los que Trump llamó enemigos del pueblo de posibles trapos sucios que resultarían incompatibles con el desempeño del cargo.
    Otro motivo consistiría en la acumulación de errores o disparates en política interior y exterior que podrían dar lugar al “impeachment” previsto en la Constitución como experimentó Richard Nixon.
    Una tercera causa podría ser la acusación de la pérdida de la salud mental que le incapacitaría para cumplir sus funciones.
    Por último, nunca es desdeñable el riesgo de un atentado auspiciado por el fanatismo político y religioso. A ello debieron su muerte cuatro presidentes  estadounidenses y, aunque salvó la vida, Reagan fue víctima  de un magnicidio frustrado.
    Sea cual fuere el desarrollo de su presidencia, mucho tendrá que cambiar Trump de palabras y hechos, de gestos y decisiones, o su país sufrirá las consecuencias con repercusiones en otras partes del mundo.
    Como la maldad no tiene límite, si por cualquier razón  el Presidente viera interrumpida su carrera presidencial, le sustituiría el vicepresidente Pence que, a juzgar por su trayectoria y sus declaraciones, sería su gobierno una segunda edición corregida y aumentada de su maestro. Es para echarse a temblar ante lo que puede suceder en los próximos años.

viernes, 24 de febrero de 2017

¿Naufragará la Unión Europea?




    Diversos acontecimientos ocurridos recientemente ponen en tela de juicio y situación crítica la evolución y hasta la propia existencia de la UE. Las perspectivas señalan 2017 como un año crucial por los vaivenes a que estará sometida la Organización.
    La salida de Gran Bretaña con su compleja negociación prevista antes de terminar el primer trimestre, será el primero de los desafíos que habrán de afrontar ambas partes. Partidos populistas y nacionalistas, mayoritariamente de extrema derecha, proliferan en muchos Estados miembros que propugnan imitar el ejemplo británico, y en los próximos meses tendrán ocasión de verificar el apoyo electoral de que disponen a través de las consultas convocadas en el caso de Francia en marzo, de Holanda en mayo y de Alemania en septiembre. Si en algunos de estos países lograsen presentarse como alternativa de gobierno, bien en  solitario, bien en coalición, sería como un torpedo en la línea de flotación del sistema europeo, trabajosamente elaborado a lo largo de los últimos sesenta años. Incluso entra dentro de lo probable que Italia se sume a la celebración anticipada de nuevos comicios en el mismo año.
    En los cuatro países actúan formaciones políticas que van del euroescepticismo a la eurofobia; los cuatro tienen en común el propósito de divorciarse de Bruselas.
    Otro acontecimiento desestabilizador  lo constituye la llegada masiva de refugiados procedentes de  países en guerra, especialmente de Siria, con más de cinco años de guerra civil que ha provocado la huída de millones de personas de toda edad y condición, y se han encontrado, con la excepción de Alemania, con el rechazo y el levantamiento de barreras fronterizas para cerrarles el paso a pesar de hallarse en situación de extremo desamparo.
    Cronológicamente el primer problema serio que se le presentó a la UE fue el de la crisis económica desencadenada en 2008 y aún no resuelta. Su tratamiento político y económico causó serias discrepancias. El triunfo de la tesis alemana frente a la francesa originó en muchos miembros del Sur una profunda recesión acompañada de fuerte endeudamiento y déficit que dieron lugar al rescate de Portugal, Grecia e Irlanda, con las consiguientes consecuencias negativas de paro y recortes sociales que cebaron el malestar  y el disgusto de las clases más vulnerables.
    La partida de nacimiento de la UE tiene la fecha del  25 de marzo de 1958 en que la Conferencia de Roma puso en marcha el proyecto. Con el nombre de Mercado Común,  que sucesivamente se cambió por la  denominación de Comunidad y Unión con el adjetivo añadido de Europea. Comenzó con seis Estados fundadores  y actualmente la forman 27 después de que Inglaterra causase baja.
    El proyecto nació con el propósito de que Europa no se viera más envuelta en nuevas guerras como las que  estallaron en 1914 y 1939, y responde a un modelo que no tiene precedentes conocidos. No es una confederación de Estados ni un Estado federal, ni una unión aduanera, si bien contiene elementos propios de los tres modelos que se han ido incorporando sobre la marcha en sucesivas reformas consensuadas
    Como toda obra humana, y más tratándose de armonizar opiniones, deseos e intereses de un colectivo integrado por tantos partícipes, no carece de fallos, debilidades y controversias. Entre sus puntos de sombra son reseñables los siguientes: a) la excesiva reglamentación de actividades comerciales, sobre todo en materia de bienes de consumo; b) el retraso en conseguir la unificación de la política exterior que da lugar a posiciones distintas de los socios y convierten a la comunidad en un gigante económico y  un enano político; c) la rigidez de la normativa sobre política económica con los baremos de deuda pública, déficit fiscal e inflación junto con la ausencia de limite del desempleo; d) omisión entre las funciones del BCE de vigilar la tasa de paro como hace la Reserva Federal de EE.UU.; e) haber implementado la eurozona con su moneda única sin haber establecido antes la unión bancaria y fiscal que tanto ha perjudicado a los socios más débiles.
    Los logros conseguidos son muchos y variados y bastaría uno, el principal, para justificar su existencia: haber mantenido la paz durante sesenta años, un período sin  precedentes. Se pueden enumerar el refuerzo del Estado de bienestar y la democracia, la aportación al incremento del comercio mundial y especialmente el intracomunitario, la supresión de las fronteras internas, ser el primer donante de ayuda al desarrollo y combatir el hambre en los países más pobres.  El saldo es claramente favorable y lo que cabe esperar es seguir progresando sobre la base de lo hecho.
    Pese a la importancia de los asuntos que generan fricciones, sería deseable que los responsables, interpretando el sentir de los pueblos que representan, alcancen fórmulas de consenso para salvar el cabo de las tormentas sin que la nave zozobre. Porque la alternativa es demasiado arriesgada y pondría en peligro la paz, la prosperidad y el bienestar de los europeos y su vacío en el mundo sería irrellenable. Sería como volver a los tiempos que precedieron  a la I y II Guerras  Mundiales, y ya sabemos como terminaron.
    Por otro lado, desmontar  la obra realizada en los sesenta años de vida se antoja demasiado complejo. Se han estrechado relaciones, instituido organismos y vinculado múltiples intereses. Al tratarse de una comunidad política supraestatal con personalidad jurídica propia, cuenta con bandera (12 estrellas sobre fondo azul),  lema (unida en la diversidad) e himno (compuesto de la 9ª sinfonía de Beethoven).
    Sus órganos de gobierno son: la Comisión, Tribunal de Justicia, Tribunal de Cuentas, Banco Central Europeo cuyos responsables no son elegidos democráticamente. Solo cumple este requisito el Parlamento cuyas facultades deberían reforzarse para que sea un auténtico poder legislativo.
    Seamos optimistas y confiemos en que a la UE le queden muchos años por delante  y que siga su marcha hasta convertir  en realidad  el sueño de los padres fundadores que era el de crear los Estados Unidos de Europa.

sábado, 11 de febrero de 2017

Que mil años no es nada



    Parafraseando el famoso tango “Volver” de Alfredo Le Pera –“que es un soplo la vida y veinte años no es nada”– podemos decir que mil años son un instante en la vida del universo y poco más en el discurrir de la humanidad desde la aparición del primer homínido. Sin embargo,  en el último milenio despedido en el año 2000, el segundo de la era cristiana, por efecto de la aceleración constante de la Historia, han ocurrido tantos acontecimientos y cambiado tantas cosas que han dado la vuelta a la forma de vivir. Hemos conocido el nacimiento y extinción de muchos imperios y civilizaciones y transformado la vida individual y social en medida superior a lo conseguido en todos los anteriores. He aquí algunos datos comparativos entre el primero y el segundo milenio:

    Se calcula que la población mundial en el año 1000 estaba en torno a los 600 millones y en el 2000 sobrepasaba los 6.000 millones, diez veces más.

    Africa era un continente ignoto y de América y Oceanía no se tenía la menor noticia. Al finar el 2000 ha sido hollado y cartografiado hasta el último rincón de planeta. Y además, se ha conformado una imagen real de la Tierra desde el espacio radicalmente distinta de la que se tenía antes.

    Las lenguas europeas, como tales, no existían: todas se han formado después, partiendo de otras preexistentes.

    El mapa político no se parecía en nada  al actual. El concepto de nación no se había inventado.

    El hombre desde su aparición no se había elevado sobre el suelo más allá del salto. En nuestros días se construyó una estación espacial habitada de manera permanente, a 400 km. de altura.

    Frente al empleo de la espada, el escudo, el arco  y la lanza, que solo permitían el combate cuerpo a cuerpo, la panoplia bélica se enriqueció extraordinariamente para matar a distancia  en cantidades industriales hasta fabricar bombas nucleares capaces de  exterminar la especie de la faz de la Tierra.

    A todos estos cambios, excepto el último, podemos, con cierta indulgencia, considerarlos avances benéficos, o si se quiere,  mejoras, pero  en otros campos la evolución no ha sido tan positiva. Durante el segundo milenio no se ha alterado el comportamiento destructivo del hombre frente a sus semejantes. Y encima, empeoró su relación con la naturaleza a la que sigue maltratando.

    Ante la magnitud de los problemas que el tercer milenio hereda de su antecesor, unidos a los que surgirán en adelante, intentar predecir como será la sociedad del año 3000 desafía la imaginación más desbordante. Solo podemos, como alternativa, hacer preguntas expresivas de nuestros anhelos, dudas y temores, y por ello, inducidas por amenazas y  oportunidades que nos conturban. Pensando en los cambios revolucionarios que ha conocido el segundo milenio, rebasa toda capacidad adivinatoria el intento de conjeturar lo que pueda ocurrir en los próximos mil años. Veamos algunas hipótesis futuristas expuestas en forma interrogativa.

     . ¿Habrá encontrado el tercer milenio la fórmula de convivencia social armónica en la que la cooperación sustituya a la competencia?

     . ¿Cuál será la duración media de la vida humana?

     . ¿Cómo será la familia?

     . ¿Cómo regular el crecimiento demográfico para evitar que se multiplique por diez?

      . ¿Se habrá conseguido que todos los habitantes se sientan ciudadanos del mundo?

      . ¿Cómo se gobernará el mundo?

      . ¿Cómo serán los transportes y comunicaciones?

      . ¿Se habrá constituido un imperio mundial único?

      . ¿Se hablará un solo idioma?

      . ¿Cuántas religiones actuales subsistirán y cuántas nuevas nacerán?

      . ¿Cómo habrá evolucionado el cambio climático y sus efectos sobre el clima?

      . ¿Se habrá poblado la Luna y Marte?

        La lista de preguntas podría hacerse interminable  pero las formuladas dan una somera idea del tema. A la vista de los avatares que esperan a nuestros descendientes próximos y lejanos, la  lógica, la coherencia y hasta el sentido común reclaman que nuestro comportamiento no contribuya  a dejarles una herencia envenenada que haría más difíciles y complejas las medidas que habrán de tomar.