lunes, 15 de mayo de 2017

Aspectos demográficos de Galicia



        El siglo XX transformó radicalmente las características demográficas de España, y con mayor intensidad, si cabe, en la comunidad autónoma gallega.
    Comenzando por el censo, en 1900 la población gallega era de 1.980.515 que equivalía al 10,64% de los 18.617.966 del total nacional. En 2017 la suma de los españoles es de 46 millones y el número de gallegos es de 2.707.700 y su proporción bajó al 5,9%.
    En lo que a la distribución territorial  en Galicia se refiere, se registra una realidad dual. Mientras aumentaba el peso demográfico  de las provincias atlánticas, las interiores (Lugo y Ourense) perdían población a raudales. Así, estas últimas que representaban el 43,92% del censo gallego, al finalizar la centuria, no llegaban al 29%. En contraste, Pontevedra y A Coruña pasaban del 56,08%  al 71%. Como consecuencia de esta evolución se formaba una Galicia  interior depauperada y en proceso de desertización  y la parte marítima, más dinámica y menos sensible al declive, resistía mejor  la tendencia  a la despoblación.
    Al mismo tiempo se mantiene el trasvase de población del campo a la ciudad. En las siete ciudades –las capitales de provincia y Santiago, Ferrol y Vigo-  viven un millón de vecinos. Como la extensión conjunta de los siete municipios suma 900 km2 en números redondos, nos encontramos con que en el 3%  del territorio se concentran ahora el 44% de los gallegos, en tanto que al iniciarse el siglo pasado era solo del 10%.
    Como consecuencia de las tendencias demográficas desarrolladas a partir  de la segunda mitad del siglo XX, que continúan vigentes, en la actualidad las características más destacadas de la población gallega son las siguientes: Una tasa de natalidad extremadamente baja del 0,9% -o sea menos de un nacimiento por cada cien habitantes- lo que impide la renovación generacional, frente a una tasa de mortalidad creciente a causa del envejecimiento. Como consecuencia, tenemos un decrecimiento poblacional por ser mayor el número de defunciones que el de nacimientos. Este fenómeno se ve agravado por la emigración del segmento más joven y por el retorno a sus países de origen de los extranjeros que vinieron a Galicia antes de la crisis económica.
    Ha perdido importancia el éxodo rural porque apenas queda gente como muestra la ocupación en el sector agrario que ocupaba el 50% de la población activa hace ciento diecisiete años y se ha reducido al 5%.
    El alargamiento de la esperanza de vida que en 1900 era de 35 años ha aumentado a 80. Ello ha devenido en un crecimiento considerable de la ancianidad, lo que ha conducido a que la proporción actual de personas mayores de 65 años sea del 22% y que la pirámide demográfica se haya invertido.
    En resumen, los rasgos más salientes de la evolución demográfica gallega son: fuerte descenso del número de nacimientos, envejecimiento poblacional, crecimiento vegetativo negativo, progresivo desplazamiento  de habitantes del interior hacia la costa y del campo a las ciudades.
    La evolución indicada es fruto de los drásticos cambios económicos, sociales y tecnológicos que ha experimentado la sociedad, y todo hace pensar que se mantendrán en el futuro.
    En consecuencia, habremos de aceptar que cada año habrá menos  gallegos en su tierra porque cambiar las circunstancias que explican el diagnóstico y el pronóstico, se antoja imposible. En todo caso sería indispensable alterar la dirección de las corrientes que condujeron a una evolución peor que la media española, especialmente con respecto a las regiones más prósperas. Investigarlo y ponerle remedio es tarea para economistas, sociólogos y políticos cuyos informes propiciarían la acción de los gobiernos de las regiones que sufren un atraso relativo.
    Si se consiguiera impulsar el desarrollo económico, favorecer la conciliación familiar y mejorar las prestaciones sociales, sería posible atraer emigrantes para repoblar las regiones más deprimidas. Todo un programa de gobierno que no debería demorarse.

1 comentario:

Marcos dijo...

Tenemos en Galicia el dudoso honor de ser una de las poblaciones (si no la que más) envejecidas de Europa. El problema afecta a toda Europa, pero más a España, y dentro de ésta aún más a nuestra tierra. Los jóvenes de ahora empiezan muy tarde a tener hijos (a los 31,6 años de edad concretamente), y muchas veces se conforman con tener solo uno. Esto, sumado a las que no quieren o no pueden tener descendencia, deja esa media en torno a un hijo por mujer que solo garantiza una cosa: nuestra lenta y progresiva desaparición.